La forma en la que hemos estado trabajando hasta ahora, ya no funciona.

Un estudio realizado por Harvard Business Review a 19.900 profesionales en todo el mundo, publicado en 2014, arroja los siguientes datos:

  • El 72% de los entrevistados no puede pensar estratégica ni creativamente en el trabajo.
  • El 68% no consigue poner foco en una sola tarea a la vez
  • El 55% no encuentra ningún sentido ni propósito en su trabajo.

Esto demuestra que efectivamente, algo no funciona en la manera en la que hemos estado trabajando desde hace mucho tiempo.

Todo ha cambiado, y no vamos a volver atrás. Es más,  la velocidad de los cambios y la incertidumbre en la que vivimos se va a acentuar. Y es bueno que empecemos a  tomar consciencia de ello, cuanto antes, mejor. Hay que empezar a cambiar el chip para aprender nuevas maneras de estar, de vivir y de trabajar de manera sostenible, si queremos llevar a cabo nuestros proyectos profesionales y nuestras organizaciones con éxito.

Y tener  éxito supone fijarnos mucho en cómo estamos operando, cómo estamos trabajando, cuántas horas estamos echando en la oficina o viajando, cómo gestionamos nuestro nivel de energía sin darnos oportunidad de renovarnos profundamente, qué calidad tiene el trabajo que hacemos, y sobre todo QUÈ VALOR estamos aportando a nuestra empresa y a nuestros equipos.

 

Cumplir Objetivos en la empresa  versus  vivir el Proceso desde la Calma, el Foco y la Contribución

Para conseguir objetivos, es necesario primero reconocer en qué punto estamos ( A) y a qué punto queremos llegar (B). Y para llegar al punto B tenemos que  estudiar las estrategias, hacer planes,  contar con los recursos necesarios, etc…

Hasta aquí bien.

Pero se nos olvida algo muy importante: lo que dejamos en el camino…y muchas veces lo que dejamos en el camino es nuestra propia salud y la de nuestra gente.

Es entonces cuando necesitamos PARAR, TOMAR PERSPECTIVA,  y poner más atención en los CÓMOS. Ver el coste que nos supone a corto,  medio y largo plazo el no cuidar el proceso, el no prestar atención  a la presión que ponemos a  nuestro cuerpo y a nuestra mente, el infravalorar el estado de estrés y presión que soportamos cada día. El tomar consciencia de esto, de que no podemos dejarnos la piel en el camino, porque sencillamente no es sostenible, ES IMPORTANTE.

Empecemos  por reconocer la realidad en la que nos encontramos en los trabajos: tenemos presión por llegar a resultados,  disponemos de menos recursos que antes para llegar a ellos, hacemos más horas de trabajo con igual o menor remuneración,  las decisiones se toman  desde el miedo muchas veces, se tiene poca consideración por nuestro trabajo, hay pocas personas  que nos inspiren realmente con su comportamiento a ser la mejor versión de nosotros mismos….

A veces nos sentimos perdidos, vamos como pollos sin cabeza.  Nos esforzamos continuamente en hacer más , conseguir más reconocimiento, y reforzar nuestra identidad en el entorno de trabajo…Y así sólo nos creamos a nosotros mismos todavía más problemas y más presión añadida.

Y es aquí donde viene la práctica del  Mindfulness:

La práctica del Mindfulness en los entornos de trabajo tiene como misión fundamental  el despertar  las  habilidades naturales que ya tienes para gestionar y liderar tu vida de una forma consciente, coherente contigo mismo, y desde un estado de Presencia y Consciencia, es decir desde el  Ser, y no únicamente  desde el Hacer.

Como menciona el gran líder espiritual de nuestros tiempos, y maestro Zen  Thich Nhat Hanh:  “con atención plena en el trabajo, el valor de lo que haces crece exponencialmente y así es recibido”. Me fascina  el significado y cómo trascienden estas palabras.

La propia práctica diaria nos va a traer muchos beneficios y nos va a TRANSFORMAR hacia el líder que cada uno de nosotros llevamos dentro, ese LÍDER CONSCIENTE, con mayúsculas.

Esta práctica es la más básica de las prácticas de Meditación y consiste en “Prestar atención de un modo concreto a la experiencia del momento, voluntariamente, en el momento presente y sin prejuicios”.  Así la define J.Kabat Zin.

Es aprender a entrenar la mente con unas técnicas concretas a través de las cuales entrenamos la Atención, dicho de una manera resumida y clara. Esta idea es simple, pero no sencilla de llevarla a cabo.

Aquí explico algunas de las consecuencias que la práctica conlleva:

ESPACIO MENTAL: Al calmar la mente  con la práctica,  la actividad caótica de los pensamientos cotidianos se disuelve, por lo que nuestra mente más espacio para realizar otras tareas de mayor complejidad, como pensar estratégicamente y creativamente.

Trabajar con espacio mental es trabajar desde la CALMA.

Es común, dentro de los planes de formación para directivos y mandos intermedios,  hacer una escapada una vez al año, para desconectar unos días fuera  del entorno cotidiano y poder tener “espacio” para pensar.  Esto está muy bien, pero si integráramos la práctica en nuestro día a día, ganaríamos espacio mental sin tener que irnos a ningún sitio. Sería como permitir a nuestra mente disfrutar de 15-20 minutos de ese estado mental .  Obviamente, lo ideal es escaparse  esos días de Retiro, con la intención de tener espacio físico y mental, integrando la práctica del  Mindfulness en la agenda.

CLARIDAD:  Al empezar a desarrollar este espacio mental con la práctica diaria, empezamos a ver con claridad.  De hecho este es el fin último de la práctica de Mindfulness: Calmar la mente para ver con claridad. En nuestro día a día, esto se traduce en tener más claridad sobre los temas para tomar decisiones más acertadas, y también en entrar en contacto con nuestras propias necesidades, de manera natural. Empezamos a tomar consciencia de lo que funciona y no funciona en nuestra vida, de la dirección que debería tomar o no, de si realmente lo que quiero es la promoción o es más tiempo para dedicarme a mí mismo y a mi familia.

FOCO: desarrollando el espacio y la claridad mental a través del entrenamiento de la atención, nuestra mente tiende naturalmente a concentrarse de manera fácil y sin esfuerzo, obviando  distracciones no relevantes. La mente se  centra verdaderamente en lo que importa. Somos mucho más capaces de priorizar nuestra agenda, de manera fluida y sin conflictos personales internos. La mente está en un estado de centramiento profundo a través del cual fluyes en la tarea que estés haciendo. Tienes la precisión un láser al abordar cualquier tarea, ya sea escribir un informe, o preparar una presentación, o negociar con tu proveedor o cliente. Este estado de foco te permite ser altamente productivo, incrementando notablemente la cantidad y la calidad de las acciones que lleves a cabo.

ELEGANCIA: esta cualidad también es importante. No corremos por solucionar las cosas, sino que intuimos el momento perfecto y la manera adecuada de solucionar los temas, de dirigirnos a alguien, o abordar una conversación delicada. Se despliega una elegancia natural en el hacer, que viene desde el ser, desde desarrollar la cualidad de Presencia que más abajo explico.

INTELIGENCIA: entendida aquí como agudeza mental  en el plano intelectual.  Se agudizan y despliegan nuestras capacidades cognitivas, de manera que podemos trabajar en proyectos y tareas complejas, teniendo una visión amplia del cuadro, pero pudiendo observar a la vez con nitidez cada pincelada. Así puedes hacer frente al trabajo con más diligencia, perspicacia y precisión.

HUMANIDAD:  con la práctica, entramos en contacto con algo más profundo, con una sensación de pertenencia  a algo más grande que nosotros. Esto hace que nos sintamos conectados con los demás y con la vida en un plano vital y esencial muy humano.  De esta manera escuchamos  a nuestros colegas desde este espacio, y la inmediata reacción de enjuiciar a alguien, se disuelve.   Conectamos con la parte verdaderamente humana, desarrollando la empatía y la compasión con nuestros colegas, jefes o equipo.

AMABILIDAD: hoy en día escucho muchos sucesos que ocurren a amigos míos y que me cuentan la falta de respeto y falta de consideración que muchas veces que se viven en ciertas empresas. Elevar la voz en muchas ocasiones, exigir más de lo razonable,  tener comportamientos poco éticos… todo esto es una realidad, no podemos cerrar los ojos y mirar hacia otra parte.

Como con a práctica empezamos a calmar la mente, a ver con claridad, a dejar de juzgar al otro, empezamos también  ser amables.

No conozco  ningún líder consciente que no se amable. A mis veintipocos, tuve la suerte de trabajar con 2 personas, Mike Humby y Dorine Van Iersel, grandes líderes de grandes empresas, que han sido un referente en mi vida profesional. Personas tremendamente humanas, amables y respetuosas, con una capacidad de estar presentes asombrosa.

Los grandes líderes son amables porque son humanos, independientemente del puesto que ocupen en la jerarquía de una empresa o en la sociedad.  La amabilidad se basa en el amor hacia uno mismo y hacia los demás. En vernos todos como iguales, como personas que somos.  Es decir, cuando veamos al  Director Financiero, veamos a la persona que ha sufrido y sufre. Cuando veamos al Director General, veamos a la persona que ha sufrido y sufre.  Cuando veamos a las personas que trabaja en el  almacén, veamos a las personas que han sufrido y que sufren.  Una de las características intrínsecas del ser humano es el sufrimiento, por eso tenemos que vernos todos como iguales.

Con la práctica desarrollamos esta manera de ver al otro, esta manera más humana,  independientemente de nuestro puesto en la empresa o del salario que ganemos. Hablamos aquí de una amabilidad que sale del corazón.

Cuidado con no confundir amabilidad del otro, con etiquetarlo como débil. No hablamos de una amabilidad para ser reconocidos o aceptados, o para complacer al otro. Ser amable conlleva un grado de exponer tu vulnerabilidad y estar abierto a que el resto no lo entienda así. Pero si eres inteligente, sabrás apreciar a las personas que son amables desde el corazón.

PRESENCIA: Es el estado último del líder consciente. El desarrollar esta cualidad poco a poco con la práctica, veremos que conseguiremos estar Presentes en el momento,  en un estado de ecuanimidad muy reveladora, en el que somos capaces de pensar claramente  y gestionar cada momento surja lo que surja.

Desarrollar este estado de presencia es de por sí, el mejor  REGALO, con mayúsculas,  que podemos hacernos a nosotros mismos, a toda la gente con la que trabajamos, y en nuestro plano personal , a  nuestra familia y amigos. Esta capacidad de presencia es por sí  misma es inspiradora para todos aquellos que nos rodean.

INSPIRACIÓN: el estado de centramiento y claridad que hemos descrito, el aceptar nuestra humanidad y la de los demás, el ser amables con todas las personas, el  estar presentes, el ser creativos, el conectar con algo más grande que nosotros y entender que es eso lo que realmente nos hace ser mejores… todo esto INSPIRA.

Y también, con la práctica, al conectar con estos aspectos del ser más profundo, poco a poco entramos en contacto con nuestro verdadero Ser, nuestra faceta más auténtica e inspiradora, tomando consciencia de nuestros verdaderos valores, a ver el valor que podemos aportar a los demás desde nuestro trabajo, ayudándoles a  desarrollarse personal y profesionalmente para ser la mejor versión de ellos mismos. Con tu actitud y comportamiento, influyes sin darte cuenta en los demás, inspirándoles a ser ellos también como tú.

La práctica te hace desplegar tu consciencia hacia fines más elevados, queriendo construir puentes, armonizar, conectar, explorar, crear, mejorar, impulsar y liderar no sólo desde el intelecto, sino también desde el corazón, haciendo que los demás saquen lo mejor de ellos mismos.

 

El proceso está claro empieza por uno mismo, y se extiende al resto, como una piedra tirada a un estanque de aguas tranquilas y cristalinas.

Seamos esa piedra y abracemos la responsabilidad de Liderar Conscientemente nuestras vidas, proyectos profesionales y empresas.